Arys!

Se detuvo ante mi sin darme tiempo a reaccionar, sin poder mover ni un músculo, me hizo una reverencia que devolví casi involuntariamente. Era muy alta, con facciones dulces, pero al mismo tiempo peligrosas, de cabellos rubios brillantes y profundos ojos azules. Iba vestida con ropajes de otra época como una guerrera nórdica antigua. Una guerrera, una cazadora. Rodeada por un aura de colores fríos que me ciegan con sus destellos y acompañada por un gran lobo blanco que más allá de producir temor en mi me calmaba con su presencia.

– Me has llamado y aquí estoy. -dice.

– Yo no he llamado a nadie. – le respondo apresuradamente.

– Llevas llamándome desde que marchaste de tu hogar. Cada día, en cada caza, en la búsqueda del lugar ideal, en tus inquietudes y miedos me has llamado a gritos, involuntariamente quizás, pero ahora es el momento, estas preparada para evolucionar, para crecer. Mi nombre es Skady. Te empujare a volar, aprenderás y servirás para un cometido ancestral como yo y como tu esencia. Serás su protección. -señalando al mismo cazador con quien últimamente me cruzo sin razón aparente.

Ahí está el a lomos de su caballo siguiendo un sendero del bosque. Pasa casi a nuestro lado pero no nos ve, quizá porque no debe vernos. Mi misión en la vida,desde ahora y para siempre. Lo acepto sin cambiar ni una coma, siento que debe ser así, ahora todo tiene sentido. Vuelvo a girar mi cabeza para colmar de preguntas a Skady pero ha desaparecido ante mis ojos sólo diciendo al despedirse.

– Todo a su debido tiempo, Arys. 

A ella se referían mis padres cuando me hablaban de la diosa de la caza y que contaban que nos guiaba en el camino. Cuantas veces escuché que mi misión aún no estaba definida. Ahora lo veo claro. Es ella quien me llevará de la mano al Valhalla una vez la haya cumplido.